Pues que queréis que os diga, a mi la puta natividad del señor me encanta oye; que si lucecitas por aquí, que si villancicos por allá, vamos, no entiendo por qué a la mayoría de mis amigos les disgusta, ¡con lo entrañables que son estas fiestas, señores!. Luego me vendrán diciendo que si es todo un invento de los comercios para sablear nuestro maltrecho bolsillo que si bla, bla bla... ¡Pues claro que es un jodido invento! ¡Claro que es una puta mierda empalagosa hasta la extenuación! Sin embargo... todos preparáis vuestros colocones de fin de año ¿verdad?, todos, en mayor o menor medida haréis y/o recibiréis algún estúpido regalo ¿verdad?, todos asistiréis a algun banquete, cena o ágape ¿verdad? Entonces...¡¡¡¡¿DE QUÉ COJONES OS QUEJÁIS PUTOS CÍNICOS?!!!
Pues sí, a mi me encanta la natividad de nuestro señor, oye, que encima el tipo este, el Jesucristo, ni es mi señor ni nació por esta fechas, pero bueno, qué más dará. Lo que realmente me gusta de la Navidad es que la gente (algunos/as) se dan cuenta de la hipocresía y el cinismo que rigen esta patética sociedad, ahora sólo hace falta que os enteréis de que es Navidad todo el puto año, y esa hipocresía y ese cinismo están ahí todo el puto año, la diferencia es que por estas fechas se hace notar un poco más.
Buen provecho.
P.D.: Sí, lo sé, cualquiera que me conozca mínimamente sabe que nunca jamás (ni siquiera en estado etílico y/o demente) se me pasaría por la cabeza subir a este rinconcillo de mi ego una felicitación navideña. Pues precisamente por eso.
martes, 21 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
Feliz navidad que se avecina
Si Peter Pan viniera a buscarnos una de estas noches lluviosas, le pediríamos por favor que no encendiera la luz. Porque ya no somos los niños que buscaban con él el paraíso de Nunca Jamás. El pobre Peter se encontraría con el fracaso de nuestra madurez, el alma cargada de nicotina y la ceniza gris del tiempo en nuestras sonrisas. Estas navidades Peter Pan vino a buscarnos y algún malnacido dió la luz. Apretó el interruptor para dejar desnuda la evidencia de que ya no somos niños. Las navidades ya no son lo que eran. Ya no montamos el Belén escondiendo tras el portal al madelman guerrillero asaltando a un inocente ángel. No pateamos con el mismo desconcierto la plaza invadida de casetas, espuma, árboles huérfanos y niños que se pierden. Ni siquiera me atraganto con las doce uvas, ni dejo mis zapatos abandonados junto a la puerta. En la república de mi madurez no caben reyes ni santos.
Nos visitan los fantasmas de las navidades pasadas y vuelan como pavesas los regalos que un 6 de enero nos hicieron, junto con los anuncios de colonia, el neón de los supermercados y el suelo de la Plaza de la Escandalera lleno de cristales y burbujas. Todos los niños se perdieron devorados por esa serpiente de luces que sale del aparcamiento de unos grandes almacenes. Dónde estará el niño que fuimos... Probablemente junto a Mowgli cosiendo botas para Nike en algún remoto país asiático, fumando crack en algún barrio perdido de Los Angeles con Huckelberry Finn, quizá su foto navegue en el negocio de la Red junto con el desnudo de Caperucita... Quién sabe. Tal vez sonríe dormido, de regreso de la cabalgata, en algún bus urbano atiborrado de hombres y mujeres tristes y solos, que apagan la luz cuando viene Peter Pan.
Nos visitan los fantasmas de las navidades pasadas y vuelan como pavesas los regalos que un 6 de enero nos hicieron, junto con los anuncios de colonia, el neón de los supermercados y el suelo de la Plaza de la Escandalera lleno de cristales y burbujas. Todos los niños se perdieron devorados por esa serpiente de luces que sale del aparcamiento de unos grandes almacenes. Dónde estará el niño que fuimos... Probablemente junto a Mowgli cosiendo botas para Nike en algún remoto país asiático, fumando crack en algún barrio perdido de Los Angeles con Huckelberry Finn, quizá su foto navegue en el negocio de la Red junto con el desnudo de Caperucita... Quién sabe. Tal vez sonríe dormido, de regreso de la cabalgata, en algún bus urbano atiborrado de hombres y mujeres tristes y solos, que apagan la luz cuando viene Peter Pan.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Orfidal (o Peligro latente, masacre adolescente)
Los pulmones se quedan pequeños y el corazón te zarandea el pecho. Crees que vas a morir. Así que buscas en el botiquín la pócima que te salve del pánico, las pastillas que sedan el alma.
Multitud de jóvenes padecen ansiedad u otros trastornos del espíritu. Resultado del estrés casi siempre, las autopistas de los neurotransmisores se llenan de camicaces y entonces el alma no cabe en el pecho. Jóvenes estresados. Jóvenes con miedo al fracaso. Jóvenes en cuyas conciencias ésta sociedad podrida ha creado necesidades irreales, responsabilidades absurdas. Los médicos recetan ansiolíticos varios. Pero yo si fuera médico recetaría un buen trabajo, aunque las ETTs no me dejaran.
El trabajo del joven es precario y el mercado exige una dedicación completa, un ritmo frenético que no entiende de pausas ni de atardeceres. Miedo a salir de casa. Los jóvenes se van de casa de sus padres cuando dejan de ser jóvenes. Miedo a ser padres. O quizá miedo a ser como sus padres. Pequeñas mujeres, frágiles como un sueño, deshaciéndose como muñecos de nieve, vomitan por miedo a vivir. Anoréxicas, bulímicas a las que se les exige ser como la chica que me sonríe tras el cristal de la marquesina. Jóvenes con complejo de Peter Pan, con miedo a crecer tomando ansiolíticos para que el alma no les estalle como una supernova.
Algo le pasa a este mundo cuando tanta ansiedad llena los pulmones de miles de jóvenes.
Te invito a un café. Dejemos pasar esta tarde de otoño que camina lenta como una manada de dinosaurios y cuéntame cómo te va. No cojas el teléfono. Que les jodan a todos. Sólo dime lo bien que van a ir las cosas.
Multitud de jóvenes padecen ansiedad u otros trastornos del espíritu. Resultado del estrés casi siempre, las autopistas de los neurotransmisores se llenan de camicaces y entonces el alma no cabe en el pecho. Jóvenes estresados. Jóvenes con miedo al fracaso. Jóvenes en cuyas conciencias ésta sociedad podrida ha creado necesidades irreales, responsabilidades absurdas. Los médicos recetan ansiolíticos varios. Pero yo si fuera médico recetaría un buen trabajo, aunque las ETTs no me dejaran.
El trabajo del joven es precario y el mercado exige una dedicación completa, un ritmo frenético que no entiende de pausas ni de atardeceres. Miedo a salir de casa. Los jóvenes se van de casa de sus padres cuando dejan de ser jóvenes. Miedo a ser padres. O quizá miedo a ser como sus padres. Pequeñas mujeres, frágiles como un sueño, deshaciéndose como muñecos de nieve, vomitan por miedo a vivir. Anoréxicas, bulímicas a las que se les exige ser como la chica que me sonríe tras el cristal de la marquesina. Jóvenes con complejo de Peter Pan, con miedo a crecer tomando ansiolíticos para que el alma no les estalle como una supernova.
Algo le pasa a este mundo cuando tanta ansiedad llena los pulmones de miles de jóvenes.
Te invito a un café. Dejemos pasar esta tarde de otoño que camina lenta como una manada de dinosaurios y cuéntame cómo te va. No cojas el teléfono. Que les jodan a todos. Sólo dime lo bien que van a ir las cosas.
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