Amo ese 0,01% de tu genoma que te distingue. El margen que el azar dejó para llenarnos de dudas. Caigo en la hélice de tu ADN como cuando te vuelvo a ver después de días y nos asaltan todo el cansancio y los remordimientos. Debe de ser esa parte del código indescifrable la que me lleva a perseguirte por la casa con los ojos abiertos como noches.
Aunque el rumor de mar que abraza tus caderas no cupo en el tubo de ensayo, descubrieron que no somos tan distintos. Que tan sólo nos distinguen centésimas. Quién lo diría cuando te miro "con pintas", con la luz de todo Pumarín rozando tus pies fríos. Somos iguales. Y necesitaron del rigor científico para convencerse. Algunos ya lo sabíamos desde mucho antes.
Tengo el doble de genes de una mosca. Y a pesar de esto nos tenemos una gran consideración, un alto concepto de nosotros mismos. Este zoo humano, la gran ciudad, devora los paisajes verdes y deshace los hielos. Ennegrece las mareas. Llena la aldea global de chimeneas que hacen marrones los días. Esto no se debe a ese 0,01% que amo. Seguro. Esto forma parte de ese 99,99% que nos hace iguales en esta genial estupidez que muy a menudo mostramos.
Salgo a la calle y busco esa centésima que sólo cabe en tus alas. En la plaza, en cada banco se habla un idioma. La luz refleja mil colores en las pieles de la gente que toma el sol mientras pasa un autobús como un elefante malherido. Somos iguales. Y tan diferentes. Pero esto ya lo sabíamos, ¿verdad? Tan cierto como que ahora es de noche y me deshago en el ácido de tus cromosomas, como que espero mientras escribo a que aparezcas para robarte esas centésimas de tu genoma mientras me cuentas cómo te fue en clase.
domingo, 23 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
Todo va bien
Los ministros y demás responsables del Gobierno deberían dar las ruedas de prensa con un palillo en la boca y una copita de Soberano a mano. Contarían chistes de maricas y gangosos y les dirían piropos a las periodistas. Para que quede claro quien está al mando, que se hace lo que ellos quieren. Que para algo está lo de la separación de poderes. Si a un juez amiguete el resto del aparato judicial le quita de sus funciones y le condena por prevaricación pues los jefes aplican la medida de gracia y se acabó. Si al gobierno le parece mal los convenios y los acuerdos con los sindicatos, pues se hace una ley presupuestaria que dice que las firmas se las lleva esta lluvia de invierno y que nada de subir los salarios a nadie. Y si alguien dice algo, hablan de Montesquieu y nos dicen que España va bien.
Creo que ahora los jefes del asunto van a tomar medidas ante las alarmantes cifras de paro. Van a hacer una ley que confirma que España va bien y que el que no trabaja es porque no quiere o porque es un vago. Una ley definitiva que nos obligará a ser felices y a leer las noticias del desastre que se avecina con una amplia sonrisa. Los habitantes de este país deberán saludarse por las mañanas con alegría y optimismo. Deberán volver a casa con la misma actitud beatifica y reír a carcajadas cuando de noche cenen ante el telediario. Porque esta ley lo dirá bien claro, España va bien, la historia ha terminado.
Así que cuidado. Si a alguien se le ocurre quejarse, jodido porque engrosa la lista del paro, porque le afecta la tragedia y el hambre del emigrante encerrado, porque la ciudad se derrumba a pesar de que nosotros nos enamoramos, se le podrá acusar de atentar contra la separación de poderes, contra la independencia del Ejecutivo, contra la memoria de Montesquieu, contra la evidencia clara de que somos felices y todo va bien.
Creo que ahora los jefes del asunto van a tomar medidas ante las alarmantes cifras de paro. Van a hacer una ley que confirma que España va bien y que el que no trabaja es porque no quiere o porque es un vago. Una ley definitiva que nos obligará a ser felices y a leer las noticias del desastre que se avecina con una amplia sonrisa. Los habitantes de este país deberán saludarse por las mañanas con alegría y optimismo. Deberán volver a casa con la misma actitud beatifica y reír a carcajadas cuando de noche cenen ante el telediario. Porque esta ley lo dirá bien claro, España va bien, la historia ha terminado.
Así que cuidado. Si a alguien se le ocurre quejarse, jodido porque engrosa la lista del paro, porque le afecta la tragedia y el hambre del emigrante encerrado, porque la ciudad se derrumba a pesar de que nosotros nos enamoramos, se le podrá acusar de atentar contra la separación de poderes, contra la independencia del Ejecutivo, contra la memoria de Montesquieu, contra la evidencia clara de que somos felices y todo va bien.
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