Las lonjas estarán vacías y mil neumáticos arderán. Los pescadores no saldrán al mar y los agricultores taparán el asfalto con sus tractores. Pero ni aún así. El precio de la gasolina seguirá imparable, como los beneficios de Repsol y otras petroleras. Este año triplicaron sus beneficios. Arderán las calles y todo seguirá igual. Zapatero hará otro chiste sobre el asunto. La gasolina se dispara y en Bolivia los niños se suben a la parte de atrás de los autobuses para inhalar los gases de su combustión. Ya no nos sabe tan bueno el olor de las gasolineras. Quedarán las lonjas vacías y la autopista llena de llamas y no pasará nada.
Ayer paseaba por el parque y unos trileros despellejaban a una pareja de ancianos. El que vigilaba pegó un grito y todos salieron corriendo. Con la pasta de los viejos. Aquella huida olía a gasolina. Huían con el dinero de los viejos pardillos.
La ciudad enciende sus calefacciones y el frío se lo llevan los últimos reclutas que van a lo que antes era la mili. La última mili. La última mili gracias a insumisos, a objetores, al compromiso antimilitarista de esa generación que algunos dan por perdida. El ejército también huele a gasolina. A mi generación no le gusta el caqui y ha viajado a Praga en busca de un sueño.
En Colorado y Nevada apuestan por la marihuana como uso medicinal, quizá consigan más votos por parte de los jóvenes. Las elecciones huelen a gasolina. La marihuana mucho mejor. Aquí nos da igual quién gane. A los muchachos del corredor de la muerte también. Seguirán imaginando amaneceres.
Mientras todo esto ocurre, una mujer espera a sus hijos en la cárcel. Cae agua nieve en Oviedo y sobre las cabezas de sus habitantes nacen las canas. Tani no puede peinar a sus hijos ni darles besos. Mientras Oviedo espera el indulto, la ciudad huele a gasolina.
jueves, 25 de noviembre de 2010
jueves, 18 de noviembre de 2010
Otoño
Pumarín se deshace con esta lluvia y los bancos de la plaza callan en mil idiomas. Apoyado en un semáforo que palpita, un niño y su mochila descansan y en la parada de taxis, mil coches y ningún taxi.
En esta plaza no navegan submarinos. A Zetapé los submarinos le hacen mucha gracia. Más aún los nucleares. A Zetapé todo le da risa. Qué suerte tiene.
En esta plaza se oyen los ecos de las explosiones. Coches que estallan acorralando en un amasijo de hierros a gente que iba a por el periódico o que salía a trabajar. Aquí nadie quiere hablar. Por no hablar, hace un tiempo Fraga plantó al lehendakari y lo dejó sin cena. Al representante de los vascos Fraga no lo quería ver. Qué lástima. En esta plaza no ha estallado ningún coche pero puede ocurrir cualquier día. Nadie está a salvo.
En esta plaza suena desde una ventana U2. Dicen que vuelven a los viejos buenos tiempos. Zapatero no retoma nada y va al mismo peluquero que Blair. Las cosas cambian para que todo siga igual. A algunos no les gusta eso de la tercera vía y sí les gustaría que se retomaran algunas cosas de la izquierda clásica. Demasiadas concesiones al mercado y al capital. Yo personalmente me quedo con el viejo U2.
En Pumarín un camión se para en medio de la calle a descargar y una larga fila de coches le chilla. Todas las palomas abandonan los tejados en el barrio. Un tipo cruza la calle en patinete mientras en el Bundestag un parlamentario enrolla un billete. Otro le prepara una rayita. La Europa más veloz conduce a toda hostia y enfarlopada.
Toda la plaza te espera. Pumarín se deshace con la lluvia y yo también espero a que vuelvas de clase.
En esta plaza no navegan submarinos. A Zetapé los submarinos le hacen mucha gracia. Más aún los nucleares. A Zetapé todo le da risa. Qué suerte tiene.
En esta plaza se oyen los ecos de las explosiones. Coches que estallan acorralando en un amasijo de hierros a gente que iba a por el periódico o que salía a trabajar. Aquí nadie quiere hablar. Por no hablar, hace un tiempo Fraga plantó al lehendakari y lo dejó sin cena. Al representante de los vascos Fraga no lo quería ver. Qué lástima. En esta plaza no ha estallado ningún coche pero puede ocurrir cualquier día. Nadie está a salvo.
En esta plaza suena desde una ventana U2. Dicen que vuelven a los viejos buenos tiempos. Zapatero no retoma nada y va al mismo peluquero que Blair. Las cosas cambian para que todo siga igual. A algunos no les gusta eso de la tercera vía y sí les gustaría que se retomaran algunas cosas de la izquierda clásica. Demasiadas concesiones al mercado y al capital. Yo personalmente me quedo con el viejo U2.
En Pumarín un camión se para en medio de la calle a descargar y una larga fila de coches le chilla. Todas las palomas abandonan los tejados en el barrio. Un tipo cruza la calle en patinete mientras en el Bundestag un parlamentario enrolla un billete. Otro le prepara una rayita. La Europa más veloz conduce a toda hostia y enfarlopada.
Toda la plaza te espera. Pumarín se deshace con la lluvia y yo también espero a que vuelvas de clase.
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