jueves, 25 de noviembre de 2010

Gasolina y otros poemas

Las lonjas estarán vacías y mil neumáticos arderán. Los pescadores no saldrán al mar y los agricultores taparán el asfalto con sus tractores. Pero ni aún así. El precio de la gasolina seguirá imparable, como los beneficios de Repsol y otras petroleras. Este año triplicaron sus beneficios. Arderán las calles y todo seguirá igual. Zapatero hará otro chiste sobre el asunto. La gasolina se dispara y en Bolivia los niños se suben a la parte de atrás de los autobuses para inhalar los gases de su combustión. Ya no nos sabe tan bueno el olor de las gasolineras. Quedarán las lonjas vacías y la autopista llena de llamas y no pasará nada.

Ayer paseaba por el parque y unos trileros despellejaban a una pareja de ancianos. El que vigilaba pegó un grito y todos salieron corriendo. Con la pasta de los viejos. Aquella huida olía a gasolina. Huían con el dinero de los viejos pardillos.

La ciudad enciende sus calefacciones y el frío se lo llevan los últimos reclutas que van a lo que antes era la mili. La última mili. La última mili gracias a insumisos, a objetores, al compromiso antimilitarista de esa generación que algunos dan por perdida. El ejército también huele a gasolina. A mi generación no le gusta el caqui y ha viajado a Praga en busca de un sueño.

En Colorado y Nevada apuestan por la marihuana como uso medicinal, quizá consigan más votos por parte de los jóvenes. Las elecciones huelen a gasolina. La marihuana mucho mejor. Aquí nos da igual quién gane. A los muchachos del corredor de la muerte también. Seguirán imaginando amaneceres.

Mientras todo esto ocurre, una mujer espera a sus hijos en la cárcel. Cae agua nieve en Oviedo y sobre las cabezas de sus habitantes nacen las canas. Tani no puede peinar a sus hijos ni darles besos. Mientras Oviedo espera el indulto, la ciudad huele a gasolina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario