Repitiéndose un paso y otro paso
tras pasos ya dados,
llegando al punto de no retorno
que llamamos Ahora.
Ahora es tarde para pensar en tiempos
o perder el tiempo en momentos,
ahora sólo importan los pasos venideros.
Y dejando atrás ahoras, tiempos y momentos,
centrándonos tan sólo en lo que ha de venir,
he de confesar que a veces dudo
entre tener miedo o arrojarme al vacío.
Bueno, hace sol pero podría estar lloviendo,
tengo calor pero podría sentir frío;
bueno, el caso es que está lloviendo,
el agua recorre todo mi cuerpo,
me empapa la cabeza empapada ya por dentro
y sigue deslizándose y me alcanza la polla,
empapada también ella por dentro,
y me llega el agua hasta los pies y hasta el suelo.
Y dejando atrás ahoras, tiempos y momentos,
hace un calor infernal y creo que voy a vomitar.
En la calle no hay nadie,
en sus casas no hay nadie,
estoy sólo con la polla apuntando al cielo
y no hay nadie.
He de confesar que en aquel momento
dudé entre abrir un paraguas
o cortarme las venas.
Opté por encender un cigarrillo y arrojarme al vacío.
La caída todavía dura.
Mi polla todavía dura.
Y no llueve.
sábado, 23 de julio de 2011
martes, 19 de julio de 2011
Bailando por un sueño
Los reidores celebran con grandes carcajadas las ocurrencias del presentador. Comentan, gritan y ríen. A mandíbula batiente. Y cobran por ello.
Siempre me llamaron la atención estos profesionales de la risa de los programas de televisión argentinos. Son el sustituto de la risa enlatada en los programas que se graban en vivo. Se sientan en torno al televisor mientras el programa se lanza al aire y un micrófono recoge el jolgorio con que festejan los chistes.
Ahora es Marcelo Tinelli quien, micrófono en mano, ameniza la noche argentina y hace que rían los reidores.
Tinelli es el presentador y productor de TV más famoso de Argentina. Mis amigos dicen que si se presentase a presidente de la nación ganaría. Por afano.
Conduce un programa todas las noches: la versión argentina de Mira quién baila. Si en España se trata de un programa blanco y familiar, en esta versión vedettes siliconadas y medio desnudas bailan, por decir algo, o hacen striptease y un jurado de estrellas mediáticas y polémicas valora la coreografía. Pero siempre con una intención benéfica, eso sí. Aunque esta haya pasado a segundo plano eclipsada por las peleas entre el jurado y los concursantes. Peleas que nutren el resto de la parrilla televisiva: ataques, contraataques, dimes, diretes y chusmerío variopinto, inventado o real. Dulce narcótico para una población que queda anonadada ante el espejismo de unas caderas efervescentes que se contonean. Circo para olvidar las preguntas que resultan de vivir.
Zulma Lobato, estrella fugaz mediática, lo resume en una de sus canciones: Hasta Tinelli y el Maipo no paro. Tinelli, ya saben, el presentador de moda. El Maipo, un teatro donde tradicionalmente se hace revista.
Zulma, figurita de barro, títere al que vapulear públicamente. Despojada de su dignidad es paseada por todo programa que se precie con la peluca movida, el carmín excesivo y su travestismo expuesto como chiste. Por si no se entiende el chiste siempre hay alguien que lo explica. Maltratada por la vida, desde la marginalidad es encumbrada a astro televisivo.
Así que como dice Zulma todo vale: hasta Tinelli no se para. Y jóvenes promesas de la TV toman nota y hacen méritos: todos quieren los 15 minutos que Warhol prometió.
Mientras, los reidores ríen, porque la vida al fin y al cabo es un chiste. Aunque a menudo sea malo.
miércoles, 13 de julio de 2011
Sueño de un autorretrato
A día de hoy,
13 de julio de 2011,
a la edad de 22 años, 335 días y un buen rato,
en la ciudad de Oviedo, y sin misterios,
expongo, en tinta, mis recuerdos:
Sin rodeos:
El niño ha muerto.
Se pudre el joven.
Nace el hombre.
He conocido ciudades, lugares,
me he perdido en extrañas calles,
he reído y he sido herido,
he conocido el Amor,
he sentido el calor,
he visto la belleza
y he vencido a la pereza.
He sido amante y amigo,
he sido feliz
y he soñado contigo.
He sido hijo y he sido hermano,
he muerto y resucitado
y he intentado hacer el menor daño.
A veces, incluso, he creado;
he aprendido, he encontrado,
y a veces, incluso he olvidado.
He paseado a su lado,
a veces, incluso cogidos de la mano;
y juntos hemos reído,
y a veces, incluso hemos llorado.
He levantado altares,
he mentido a mi madre,
incluso he perdonado a mi padre.
He sido imbécil, torpe, arrogante;
he sido vago, ruin y farsante.
Y hoy, día 13 de julio, de cualquier año,
decido mirar hacia delante.
Me conformo con ser buena persona,
que no es poco,
aspiro a ser un gran hombre,
que no es mucho.
Hoy, 13 de julio, de 2011,
vuelvo a dormir sólo,
vuelvo a bucear en la memoria,
pero miro hacia delante.
Hoy, 13 de julio, de cualquier año,
a la edad de 22 años,
aprendo a leer de nuevo,
de nuevo aprendo a coger la pluma,
y aprendo, en suma,
a soportar la herida,
a soportar la vida.
Hoy, cualquier día, de cualquier año,
muerto el niño, asesinado el joven,
decido ser hombre.
13 de julio de 2011,
a la edad de 22 años, 335 días y un buen rato,
en la ciudad de Oviedo, y sin misterios,
expongo, en tinta, mis recuerdos:
Sin rodeos:
El niño ha muerto.
Se pudre el joven.
Nace el hombre.
He conocido ciudades, lugares,
me he perdido en extrañas calles,
he reído y he sido herido,
he conocido el Amor,
he sentido el calor,
he visto la belleza
y he vencido a la pereza.
He sido amante y amigo,
he sido feliz
y he soñado contigo.
He sido hijo y he sido hermano,
he muerto y resucitado
y he intentado hacer el menor daño.
A veces, incluso, he creado;
he aprendido, he encontrado,
y a veces, incluso he olvidado.
He paseado a su lado,
a veces, incluso cogidos de la mano;
y juntos hemos reído,
y a veces, incluso hemos llorado.
He levantado altares,
he mentido a mi madre,
incluso he perdonado a mi padre.
He sido imbécil, torpe, arrogante;
he sido vago, ruin y farsante.
Y hoy, día 13 de julio, de cualquier año,
decido mirar hacia delante.
Me conformo con ser buena persona,
que no es poco,
aspiro a ser un gran hombre,
que no es mucho.
Hoy, 13 de julio, de 2011,
vuelvo a dormir sólo,
vuelvo a bucear en la memoria,
pero miro hacia delante.
Hoy, 13 de julio, de cualquier año,
a la edad de 22 años,
aprendo a leer de nuevo,
de nuevo aprendo a coger la pluma,
y aprendo, en suma,
a soportar la herida,
a soportar la vida.
Hoy, cualquier día, de cualquier año,
muerto el niño, asesinado el joven,
decido ser hombre.
martes, 5 de julio de 2011
Autorretrato a la edad de 22 años
Quedarme quieto, cerrar la boca y tapar los ojos, intentar olvidar que el corazón palpita, que la sangre fluye, que ese olor todavía existe no es fácil, nada fácil.
Que desde que me entrego a labios extraños más extraño labios que se entreguen.
Que desde que cerré la puerta de mi casa mi cama siempre está deshecha pero yo, maldito estafador de la palabra, duermo mudo en el felpudo.
Que me entrego al vicio y al olvido por cobardía, por no dar la cara y enfrentarme a la ausencia de un abrazo, de una mirada; que muerdo pechos y glúteos pero no mastico; que me elevo por encima del cadáver de un poeta y maldigo su nombre y me cago en su puta boca; que me clavan las uñas en la espalda y se tragan mi sudor y mi esperma y mi cuerpo sigue frío y no es fácil, nada fácil.
Que a veces quiero llorar y ya no puedo, que la lágrima está seca pero el llanto sigue dentro.
Que hago y deshago promesas a mi antojo, que lo que ahora es verde mañana será rojo.
Que me miento y me disfrazo y me pongo pieles y me las quito y me dejo el pelo largo para tapar mi rostro y no cortarlo hasta cubrirme entero con él.
Que me canso, joder. Y que estoy hasta la polla de aparentar que no me importa.
Que me mato poco a poco porque de golpe no me atrevo.
Que cuanto más se pudre mi cuerpo la muerte queda más lejos.
Que sé que todo es mentira,
Que sólo es exceso de feniletalimina
Y su consiguiente mono de dopamina.
Pero…
Pero pronto será 13 de Agosto y la Luna será llena.
Y saldrá el Sol a jugar un día sí y otro también.
Y me colgaré de un árbol a dormir y el árbol dormirá conmigo.
Y vendrá el Mar a buscarme y el río reirá conmigo.
Pero…
Pero a veces pienso que debo tener un hijo,
Plantar un árbol, escribir un libro,
Esas cosas que te enseñan desde niño.
Hipotecar mi vida por una caja de zapatos,
Comprar un coche, contaminar el aire,
Ser un buen engranaje.
Drogarme de tanto en tanto hasta engañar a mis sentidos, hasta abrir la puerta de esa jaula donde Hyde descansa. Tatuarme un “I love you” encima de la polla, calaveras en el brazo, un dragón en el pecho.
Disfraces nuevos.
La salamandra queda lejos.
Follar por follar hasta que el escozor se hace insoportable. Follar sin amor. Sexo sucio. Hurgar con mi dedo dentro de sus culos. Beberme su amargo flujo. Arrodillarlas. Aplastar sus cabezas contra la almohada.
Últimamente no hago más que drogarme y follar. Leo menos, pinto menos, apenas escribo.
Es el camino fácil.
El buen camino, el difícil, el largo y enrevesado camino lleno de cruces y desvíos implica en estos momentos demasiados peligros.
Implica ser Yo mismo. Implica soltar y domar a Hyde.
Implica quedarme sin defensas. Sin escudo.
Implica enamorarme, practicar poesía, devorar libros, estrujar los óleos, hundir las manos en el barro, pasear, reír, ser feliz.
Implica amar.
Amar y ser feliz amando es un lujo que en este momento no estoy dispuesto a permitirme.
Soy un retrasado emocional en fase de aprendizaje.
Nací con una anomalía en el cerebro que consiste en una producción irregular y excesiva de una determinada sustancia química que se dispara ante la presencia de determinadas sustancias producidas a su vez por determinadas mujeres en determinados momentos.
A todo esto debemos añadirle una dependencia irracional y extrema hacia la dopamina generada por la acción de la sustancia anteriormente citada.
Y he aquí el origen de todo.
En esta ingente telaraña de neurotransmisores, nudos y filamentos nerviosos que es mi cerebro todo es impulso y química. Aquí vive el miedo, el orgullo, los celos.
El amor. La carne.
El amor es una droga y yo soy adicto a todas.
El cerebro de los enamorados produce una droga tan maravillosa que pueden pasarse horas haciendo el amor o hablar durante toda una noche sin cansarse.
Yo soy adicto a eso.
Empecé a escribir poesía a muy temprana edad para suplir la falta de esa droga.
Puede decirse también que empecé a escribir para follar.
Nunca he dejado de hacerlo.
Con apenas nueve años yo ya sabía lo que quería de la vida: Quería tener novia.
Ahora voy a cumplir 23 y he descubierto que toda mi vida gira en torno a una puta sustancia química llamada feniletalimina. Toda mi vida gira en torno a esa puta droga.
Ahora voy a cumplir 23 y he descubierto que no soy tan hombre.
Ni tan fuerte.
Ni tan bueno.
Pero…
Pero está el Universo.
Y Sueño.
Y la vida existe.
Y están ellos,
Que me quieren.
Que desde que me entrego a labios extraños más extraño labios que se entreguen.
Que desde que cerré la puerta de mi casa mi cama siempre está deshecha pero yo, maldito estafador de la palabra, duermo mudo en el felpudo.
Que me entrego al vicio y al olvido por cobardía, por no dar la cara y enfrentarme a la ausencia de un abrazo, de una mirada; que muerdo pechos y glúteos pero no mastico; que me elevo por encima del cadáver de un poeta y maldigo su nombre y me cago en su puta boca; que me clavan las uñas en la espalda y se tragan mi sudor y mi esperma y mi cuerpo sigue frío y no es fácil, nada fácil.
Que a veces quiero llorar y ya no puedo, que la lágrima está seca pero el llanto sigue dentro.
Que hago y deshago promesas a mi antojo, que lo que ahora es verde mañana será rojo.
Que me miento y me disfrazo y me pongo pieles y me las quito y me dejo el pelo largo para tapar mi rostro y no cortarlo hasta cubrirme entero con él.
Que me canso, joder. Y que estoy hasta la polla de aparentar que no me importa.
Que me mato poco a poco porque de golpe no me atrevo.
Que cuanto más se pudre mi cuerpo la muerte queda más lejos.
Que sé que todo es mentira,
Que sólo es exceso de feniletalimina
Y su consiguiente mono de dopamina.
Pero…
Pero pronto será 13 de Agosto y la Luna será llena.
Y saldrá el Sol a jugar un día sí y otro también.
Y me colgaré de un árbol a dormir y el árbol dormirá conmigo.
Y vendrá el Mar a buscarme y el río reirá conmigo.
Pero…
Pero a veces pienso que debo tener un hijo,
Plantar un árbol, escribir un libro,
Esas cosas que te enseñan desde niño.
Hipotecar mi vida por una caja de zapatos,
Comprar un coche, contaminar el aire,
Ser un buen engranaje.
Drogarme de tanto en tanto hasta engañar a mis sentidos, hasta abrir la puerta de esa jaula donde Hyde descansa. Tatuarme un “I love you” encima de la polla, calaveras en el brazo, un dragón en el pecho.
Disfraces nuevos.
La salamandra queda lejos.
Follar por follar hasta que el escozor se hace insoportable. Follar sin amor. Sexo sucio. Hurgar con mi dedo dentro de sus culos. Beberme su amargo flujo. Arrodillarlas. Aplastar sus cabezas contra la almohada.
Últimamente no hago más que drogarme y follar. Leo menos, pinto menos, apenas escribo.
Es el camino fácil.
El buen camino, el difícil, el largo y enrevesado camino lleno de cruces y desvíos implica en estos momentos demasiados peligros.
Implica ser Yo mismo. Implica soltar y domar a Hyde.
Implica quedarme sin defensas. Sin escudo.
Implica enamorarme, practicar poesía, devorar libros, estrujar los óleos, hundir las manos en el barro, pasear, reír, ser feliz.
Implica amar.
Amar y ser feliz amando es un lujo que en este momento no estoy dispuesto a permitirme.
Soy un retrasado emocional en fase de aprendizaje.
Nací con una anomalía en el cerebro que consiste en una producción irregular y excesiva de una determinada sustancia química que se dispara ante la presencia de determinadas sustancias producidas a su vez por determinadas mujeres en determinados momentos.
A todo esto debemos añadirle una dependencia irracional y extrema hacia la dopamina generada por la acción de la sustancia anteriormente citada.
Y he aquí el origen de todo.
En esta ingente telaraña de neurotransmisores, nudos y filamentos nerviosos que es mi cerebro todo es impulso y química. Aquí vive el miedo, el orgullo, los celos.
El amor. La carne.
El amor es una droga y yo soy adicto a todas.
El cerebro de los enamorados produce una droga tan maravillosa que pueden pasarse horas haciendo el amor o hablar durante toda una noche sin cansarse.
Yo soy adicto a eso.
Empecé a escribir poesía a muy temprana edad para suplir la falta de esa droga.
Puede decirse también que empecé a escribir para follar.
Nunca he dejado de hacerlo.
Con apenas nueve años yo ya sabía lo que quería de la vida: Quería tener novia.
Ahora voy a cumplir 23 y he descubierto que toda mi vida gira en torno a una puta sustancia química llamada feniletalimina. Toda mi vida gira en torno a esa puta droga.
Ahora voy a cumplir 23 y he descubierto que no soy tan hombre.
Ni tan fuerte.
Ni tan bueno.
Pero…
Pero está el Universo.
Y Sueño.
Y la vida existe.
Y están ellos,
Que me quieren.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)