miércoles, 13 de julio de 2011

Sueño de un autorretrato

A día de hoy,

13 de julio de 2011,
a la edad de 22 años, 335 días y un buen rato,
en la ciudad de Oviedo, y sin misterios,
expongo, en tinta, mis recuerdos:

Sin rodeos:

El niño ha muerto.
Se pudre el joven.
Nace el hombre.

He conocido ciudades, lugares,
me he perdido en extrañas calles,
he reído y he sido herido,
he conocido el Amor,
he sentido el calor,
he visto la belleza
y he vencido a la pereza.

He sido amante y amigo,
he sido feliz
y he soñado contigo.

He sido hijo y he sido hermano,
he muerto y resucitado
y he intentado hacer el menor daño.

A veces, incluso, he creado;
he aprendido, he encontrado,
y a veces, incluso he olvidado.

He paseado a su lado,
a veces, incluso cogidos de la mano;
y juntos hemos reído,
y a veces, incluso hemos llorado.

He levantado altares,
he mentido a mi madre,
incluso he perdonado a mi padre.

He sido imbécil, torpe, arrogante;
he sido vago, ruin y farsante.

Y hoy, día 13 de julio, de cualquier año,
decido mirar hacia delante.

Me conformo con ser buena persona,
que no es poco,
aspiro a ser un gran hombre,
que no es mucho.

Hoy, 13 de julio, de 2011,
vuelvo a dormir sólo,
vuelvo a bucear en la memoria,
pero miro hacia delante.

Hoy, 13 de julio, de cualquier año,
a la edad de 22 años,
aprendo a leer de nuevo,
de nuevo aprendo a coger la pluma,
y aprendo, en suma,
a soportar la herida,
a soportar la vida.

Hoy, cualquier día, de cualquier año,
muerto el niño, asesinado el joven,
decido ser hombre.

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