domingo, 23 de enero de 2011

Genoma

Amo ese 0,01% de tu genoma que te distingue. El margen que el azar dejó para llenarnos de dudas. Caigo en la hélice de tu ADN como cuando te vuelvo a ver después de días y nos asaltan todo el cansancio y los remordimientos. Debe de ser esa parte del código indescifrable la que me lleva a perseguirte por la casa con los ojos abiertos como noches.

Aunque el rumor de mar que abraza tus caderas no cupo en el tubo de ensayo, descubrieron que no somos tan distintos. Que tan sólo nos distinguen centésimas. Quién lo diría cuando te miro "con pintas", con la luz de todo Pumarín rozando tus pies fríos. Somos iguales. Y necesitaron del rigor científico para convencerse. Algunos ya lo sabíamos desde mucho antes.

Tengo el doble de genes de una mosca. Y a pesar de esto nos tenemos una gran consideración, un alto concepto de nosotros mismos. Este zoo humano, la gran ciudad, devora los paisajes verdes y deshace los hielos. Ennegrece las mareas. Llena la aldea global de chimeneas que hacen marrones los días. Esto no se debe a ese 0,01% que amo. Seguro. Esto forma parte de ese 99,99% que nos hace iguales en esta genial estupidez que muy a menudo mostramos.

Salgo a la calle y busco esa centésima que sólo cabe en tus alas. En la plaza, en cada banco se habla un idioma. La luz refleja mil colores en las pieles de la gente que toma el sol mientras pasa un autobús como un elefante malherido. Somos iguales. Y tan diferentes. Pero esto ya lo sabíamos, ¿verdad? Tan cierto como que ahora es de noche y me deshago en el ácido de tus cromosomas, como que espero mientras escribo a que aparezcas para robarte esas centésimas de tu genoma mientras me cuentas cómo te fue en clase.

1 comentario:

  1. Pues en clase me fue bien :D (nah es coña).
    Dios... eres, eres... eres <3

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