lunes, 18 de abril de 2011
Semana Santa
A Timothy Mc Veigh, Dios le abandona mientras observan por circuito cerrado cómo el cóctel de química letal lo arrastra al vacío. En Oklahoma un terrorista muere televisado mientras que en Sevilla un hombre llora y canta a una talla de madera. Los capirotes de los penitentes apuntan hacia Orión y los niños se esconden entre las piernas de los mayores al ver pasar el cortejo fúnebre de pasos y tambores.
Allí, en el sur de España, un hombre agarra una cruz y arrastra los pies encadenados sobre el asfalto. Bajo la manga púrpura del penitente asoma un Rolex de oro que puntualmente da la hora de la ejecución.
Nos dicen que Jesús era feo, nada que ver con las postales de los viejos libros de religión. Yo recuerdo a los franciscanos de mi colegio en blanco y negro dando collejas a diestro y siniestro, contándonos la fábula del hombre que resucitaba a los muertos y organizaba el catering de las bodas del Canaán. El hombre de Oklahoma seguirá en su tumba el tercer día, pero alguien habrá grabado en vivo el espectáculo de su ejecución y pronto estará en la red de redes.
Bien vestidos y muy peinados caminan tras La Piedad, muy en silencio, haciendo repaso de las ausencias y dejándose ver, desafinando, "perdona a tu pueblo, Señor".
En Oviedo, Armando Blues me invita a café y una torrija empapada en vino y me habla de su heroica lucha, de hombres que lloran por la noche y me inunda la razón incuestionable de sus argumentos. Me hace repaso de los muertos que cayeron en la batalla ante la indiferencia de los responsables y del Gobierno.
Otros prefieren honrar a otros fallecidos. Otros prefieren lucir sus mejores trajes para pasear tras una cruz. Ayer fue el día de la República. Y hoy resucita Cristo. Yo.... (más egoísta y exploto) solo pienso en tu ausencia.
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