domingo, 6 de noviembre de 2016

A lo largo de toda esta semana y probablemente como subproducto del cambio de estación y de un catarro que ya agoniza, he sido presa de extraños e incomprensibles sueños en la noche y de intermitentes ataques de melancolía durante el día. Lograba atajarlos (o más bien encubrirlos, engañarlos) recostándome en el sofá y viendo alguna película cutre. De tanto en cuando me liaba alguno que otro y me quedaba inmerso en mis tribulaciones observando cómo un pececito de hielo se diluía en un vaso de cocacola mientras el tiempo se hacía cada vez más y más blando, más y más lento hasta simular desaparecer... Entonces, cuando ya las agujas del reloj se hubieron detenido y los pájaros quedaron suspendidos en el aire y el pueblo era una inmensa casa de muñecas plagada de seres inertes y no había más que silencio y luz, me armé de valor y me enfrenté a él, a mi enemigo, a mi temor, al espejo.

- Bien, aquí estás de nuevo, no creí que fueses a tardar tanto desde la última vez. Dime: ¿Qué has hecho en este tiempo?
- Bueno -respondí- he escrito algunas cosas, he pintado algún dibujo, he hecho algunas fotografías...
- Oh, vamos, no empieces con tus aburridas tonterías y tus estúpidas aspiraciones de artistilla mediocre, cuéntame qué has hecho de verdad en este tiempo, cuéntame algo que merezca la pena.
- Bueno -le dije- he conocido algunas personas, he amado y he sido amado, he hecho amigos nuevos y he afianzado amistades más antiguas, he perdonado...
- Oh, dios, ¿por qué habrá de tocarme a mí ser el puto reflejo de este chico? Eres un blando, tío, este mundo no es para capullos cómo tú. Piensas demasiado, sientes demasiado, deberías dejarte llevar por la corriente, ser uno más. Eres un jodido mediocre, actúa como tal. Todos tus estúpidos versos, tus espantosos dibujos, tus malas fotografías no durarán mucho, incluso puede que tú les sobrevivas; y tus amigos... tus amigos tampoco estarán ahí eternamente, los irás perdiendo poco a poco y sólo te quedará el dolor de su ausencia; y el amor... creía que al menos ya habrías superado o al menos controlado algo que no deja de ser una ridícula reacción electroquímica. Eres un blando, tío, un jodido y ridículo simio sentimental que no tiene cabida en este mundo.

Entonces bajé la mirada unos instantes y él se reía y una araña negra con manchas amarillas me subía por la rodilla y estaba en un charco y el agua empezaba a subir y después era una ciénaga y el agua me llegaba ahora por la rodilla y la araña se ahogaba y yo sentía lástima por ella.
Entonces levanté la mirada y le vi mirándome fijamente, orgulloso, altivo, con una semisonrisa en la cara y una estrella en una mano y en la otra una guadaña, y le dije:

- Mis estúpidos versos, mis espantosos dibujos y mis malas fotografías son obras mediocres de un ser mediocre y no durarán mucho tiempo y no me producirán mayor placer que el de haberlas creado, es cierto, pero no es esa su función; mis amigos tampoco estarán ahí eternamente para consolarme o para ser consolados, o para jugar o aprender o ser feliz con ellos, pero tampoco es esa su función; y esa ridícula reacción electroquímica de la que hablas me lleva a experimentar sensaciones de placer y de dolor, me hace sentir vivo y, pese a todo, tampoco es esa su función. Porque en realidad, y pese a todas las tonterías que me has dicho y que he tenido que aguantarte, tenías razón en una cosa, pienso demasiado; y la vida no sólo es para pensarla, es para vivirla; y es una estupidez tratar de buscarle un sentido y una función a todo, cuando lo cierto es que su única función es existir, vivir sus propias vidas y, tal vez, interactuar con la mía de cuando en cuando, nada más. En realidad es todo mucho más sencillo de lo que imagino, debo vivir más y pensar menos. Y tú, tú sólo eres un reflejo, uno más, y no me das miedo.

Entonces soltó una carcajada que me golpeó como un gancho de izquierda en la barbilla y acto reflejo le golpeé en la cara y el espejo crujió y pequeños espejitos se clavaron en mis nudillos y finos hilillos de sangre recorrían mi brazo y las agujas del reloj volvieron a girar y los pájaros retomaron el vuelo y la ciudad volvió a cobrar vida y el pececito de hielo se había disuelto por completo y me acabé la cocacola y salí a dar un paseo.

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