domingo, 6 de noviembre de 2016

Yo soy el Hyde







Desde mi atalaya te observo. Desde dentro de tu cuerpo te observo y sonrío. Me burlo de tí. Me río de tí. Yo estaba ahí cada vez que fuiste golpeado, cada vez que fuiste herido, cada vez que te olvidaron. Fuí Yo y no otro quién te ayudó a levantarte cuando el peso del fracaso te aplastaba; el que te empujó a seguir cuando tú ya no podías más, cuando ya no querías más. Fuí Yo el que apartó la sal de tus ojos, el que limpió el barro de tu rostro. Estaba ahí, en la sombra, esperando la hora de tu derrota; aguardando paciente para ponerme de nuevo al frente, para coger el timón de este navío que es tu cuerpo y que es el mío. Y coincidirás conmigo en que nunca hubo mejor embarcación ni logramos mayor fortuna; navegando a favor y contra el viento, derrotando Leviatanes, venciendo a piratas, corsarios, capitanes. Soy Yo y no tú el fuerte, el atrevido, el osado, el valiente. Piensas que sólo soy una parte de tí, pero lo cierto es que sólo eres una de mis facetas, sólo un brillo del diamante. Ahora descansa, duerme hasta que otro naufragio te despierte. Ahora soy Yo, ese al que llamas Capitán Hyde, quién se pone de nuevo al frente...

Levad anclas, arriad cabos, desplegad velas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario